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VOLCÁN HAIDAR


Haidar sale de Lanzarote en un avión rumbo a El Aaiún (El País, 17-12-09). Dicen los sabios de la industria periodística que en esta profesión las buenas noticias son malas noticias. O, lo que es lo mismo, que los lectores prefieren saciar su apetito informativo con desastres naturales, asesinatos y demás sucesos que, por los perjucios que generan, resultan mucho más interesantes que las ‘aburridas’ buenas noticias. De ser esto cierto, el alivio que sentí al leer el titular que encabeza esta reflexión confirma mis sospechas de que la solvencia de cualquier periódico peligraría conmigo como responsable de contenidos. ¿Por qué? Básicamente, porque descarta la trágica pero verídica posibilidad de que una muerte se convierta en ‘buena noticia’.

La idea de publicar la reflexión que prosigue surgió hace cuatro semanas en Lanzarote. La huelga de hambre que la defensora saharaui de los Derechos Humanos Aminetu Haidar mantenía en el aeropuerto de Arrecife estaba a punto de cumplir un mes de duración, y todo indicaba que la agonía se prolongaría indefinidamente. Aunque todavía era ajena al oxidado amasijo geoestratégico de fosfatos, campamentos de refugiados y referéndums virtuales, el impacto mediático de la huelga de Haidar y la casualidad que me llevó de vacaciones al lugar de la polémica; impulsaron mi necesidad de saber por qué una mujer había cruzado sin pasaporte y contra su voluntad la frontera de mi democrático país.

El actor Guillermo Toledo realiza gestiones junto al habitáculo de Haidar, en Lanzarote. La foto es mía.

En el párking del aeropuerto donde se había instalado Aminetu se respiraba una mezcla de tensión e incertidumbre que aumentaban minuto a minuto. Actores, políticos, periodistas y cooperantes recorrían el diminuto porche sin despegarse de sus móviles, mientras cuatro cámaras de televisión comenzaban a grabar el telediario vespertino. Una vida puesta al límite había tensado las ya de por sí débiles relaciones entre España y Marruecos, desatando la angustia social y los malabarismos diplomáticos. Pero, ¿cómo?

Remontémonos a 1898. España pierde sus tres últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Aun sin ser las que mayores beneficios reportaban a la Metrópoli, la proclamación de su independencia supuso el fin del imperio colonial español. Este hito, gráficamente denominado ‘Desastre del 98’, no tardó en despertar en nuestro país la necesidad de restaurar su honor mancillado.

El norte de África fue el territorio elegido por España para resarcirse de sus heridas coloniales. Pero la atropellada ocupación del territorio, que no cumplió los requisitos de una colonización propiamente dicha _construcción de infraestructuras, educación, etc._ limitándose a la explotación de las minas del Rif; desató el descontento de la población. La hostilidad transformó el inicial ‘premio de consolación’ en un territorio donde las insurrecciones locales y las bajas militares estaban a la orden del día.

En la antesala de la Guerra Civil, Franco aprovechó la pobreza de los norteafricanos para fortalecer su ejército con mercenarios dispuestos a combatir al bando republicano. Casi medio siglo después, la agonía del dictador y su régimen abría las puertas a un futuro incierto en nuestro país. En 1976, Marruecos aprovechó ese vacío de poder para recuperar el último rastro de la ocupación vecina: el Sahara Español. Fue la ‘Marcha Verde’, una invasión humana (de 350.000 ciudadanos) y militar ordenada por el rey Hassan II en 1975; que desencadenó la firma de los Acuerdos de Madrid, es decir, la retirada de España del territorio y la repartición de éste entre Mauritania y Marruecos.

El pueblo saharaui reforzó entonces su resistencia con atentados del Frente Polisario _organización independentista creada en 1973 para combatir el dominio español_. En 1979, ante la escalada de violencia, Mauritania cedió su porción de territorio _la zona sur de Rio de Oro_ al Polisario, pero Marruecos no tardó en invadirlo.

En 1975, Argelia _enemigo estratégico de Marruecos_ comenzó a respaldar al Polisario, y la organización se asentó en la región fronteriza de Tinduf _donde posteriormente se crearon cuatro campos de refugiados saharauis_. Asimismo, la ONU reconoció al movimiento y éste autoproclamó la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), en el extremo occidental del Sahara. Durante los años ochenta Marruecos construyó un muro que le concedió el control del Sahara Occidental, y acorraló al Polisario en la franja de desierto colindante con la frontera argelina.

Como solución provisional, la ONU fundó en 1991 la Minurso (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental) para que garantizase el alto el fuego con vistas a convocar un referéndum que todavía no se ha celebrado. La responsabilidad de dicha convocatoria recae, según una doctrina de la ONU reiterada hasta en siete ocasiones, en España, que ostenta la soberanía y la administración del Sahara Occidental, aunque no pueda ejercerla de facto porque Marruecos se lo impide.

Tras este breve repaso de la historia del territorio, la responsabilidad ética y jurídica de España en la solución del conflicto se antoja incuestionable. Sin embargo, ningún gobierno de la democracia la ha afrontado para evitar conflictos con Marruecos. _España, puente entre África y Europa, depende de la colaboración de Mohamed VI en la lucha contra el terrorismo islamista radical y contra el narcotráfico. Además, conserva las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla en ese territorio, lo que desaconseja levantar susceptibilidades en el país vecino_. La dinastía alaouí, por su parte, está unida a EE.UU. (primera potencia mundial) y a Francia mediante fuertes lazos militares y estratégicos que anulan cualquier atisbo de presión internacional en su contra.

Manifestación por la independencia del Sahara Occidental.

Marruecos se niega a renunciar al Sahara Occidental, un territorio que cuenta con el mayor yacimiento mundial de fosfatos (situado en Bucraa). Estas sales constituyen una formidable fuente de riqueza debido a su versatilidad industrial _intervienen en la fabricación de: jabón, pasta de dientes, detergente, material de construcción o bebidas refrescantes, entre otros productos_.

La localización costera del yacimiento de Bucraa y la nula productividad del interior árido, son las causas de que Marruecos desechase para los saharauis la franja territorial que los separa de Argelia. Pero estos palestinos del desierto quieren recuperar la tierra donde nacieron y que ha sido de todos menos suya. Ayer los sometió España y hoy, en la civilización de los derechos humanos, Marruecos los reprime con escalofriante impunidad.

Aminetu Haidar (24-07-66, Akka Centre) es el grito más ensordecedor del dolor saharaui. Un grito que impulsa la reivindicación de su pueblo en la misma medida que enfurece a sus opresores. Sólo es un grito, pero tan enraizado en la dignidad que, como prueba su biografía, nunca podrá ser acallado. Ni los cuatro años de torturas sufridas en la cárcel de El Aaiún (capital de la RASD) desde 1987, ni la huelga de hambre con la que respondió a su segundo encierro en 2005 silenciaron su reivindicación.

Más bien al contrario, su resistencia y su defensa de los derechos humanos le valieron el reconocimiento internacional en forma de galardones. Pero no hay nada peor para una dictadura que una voz díscola y resonante, por eso cuando Haidar regresó a El Aaiún tras recibir un premio en Nueva York, el gobierno marroquí la deportó a España.

Haidar en el aeropuerto de Lanzarote. EFE

La entrada de Aminetu en Lanzarote, sin pasaporte y contra su voluntad, impidió su regreso a El Aaiún. Pero la posterior huelga de hambre de la activista fue lo que realmente desató el conflicto entre los valores humanitarios de un país democrático y sus intereses internacionales. Afortunadamente, aunque tarde, Haidar ganó la batalla y su vida continúa a pesar de negarle a Marruecos la genuflexión que le exigía.

Pero los medios para lograr este imprescindible fin nos dejaron una cita célebre que caricaturiza la complejidad del conflicto: “España constata que, mientras se resuelve el contencioso en conformidad con la resolución de Naciones Unidas, la ley marroquí se aplica en el territorio del Sáhara Occidental.” (Frase extraída del último párrafo del comunicado emitido por el Gobierno español tras la repatriación de Haidar). No os molestéis en buscar el sujeto del verbo “se resuelve”, no existe. La frase comienza reconociendo la autoridad de la ONU _que responsabiliza a España de la resolución del conflicto_ para finalizar con un huérfano e indolente “se resuelve”.

Vergüenzas diplomáticas aparte, el comunicado reconoce (perdón, “constata”, que es muy diferente) la soberanía de Marruecos en el Sahara, y resulta desalentador pensar que el único recurso de un gobierno democrático para remendar un acto tan antidemocrático como una deportación sea dar el visto bueno a una ocupación que viola los derechos humanos.

El artículo 12 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, firmado por Marruecos y España, establece que nadie puede ser privado del derecho a entrar en su propio país. Pero Marruecos no sólo lo violó, sino que, aun cuando la vida de Aminetu corría serio peligro, se negó a rectificar su postura. No obstante, ¿qué humanidad podemos suponerle a un soberano que acaba de condenar a doce años de prisión a su ex coronel del ejército del aire Kaddour Terzaz, imprescindible en la invasión marroquí del Sahara en el 75, solo por pedirle un ligero incremento de las pensiones?

En semejante escenario (el marroquí) no parece extraño que las celebraciones sociales por el regreso de Aminetu a El Aaiún se cobrasen decenas de heridos por la policía. Ni mucho menos que esos esos heridos obviasen denunciar a las fuerzas del orden ante la amenaza de ser encarcelados. El arresto domiciliario al que está sometida Haidar desde que entró en su casa también entra dentro de la lógica marroquí. Pero no en la mía, y ya que a quienes tienen el poder de impartir justicia _las grandes potencias del autoproclamado ‘primer mundo’ por su defensa de los valores democráticos_ nunca les saldrá rentable actuar en el Sahara, me limito a hacer lo único que está a mi alcance: contar los hechos más sangrantes de un conflicto olvidado.

Ironías del destino, el epicentro de esta polémica fue Lanzarote, la isla más volcánica del archipiélago canario _que, curiosamente fue testigo de la concienciación política de Aminetu hace vientidós años_. Allí surgió el volcán Haidar que, sin alcanzar la erupción mortal, inundó de lava el desierto informativo del Sahara y erosionó con áspera realidad el cinismo diplomático internacional. Pero, ¿será su repercusión mediática capaz de lograr su objetivo real, el de llevar la paz al Sahara, un pueblo en tierra de nadie? Oj-Alá.

Para: Papá (por inquietarme), Isidro (por no darme nunca la razón), mamá (por dármela  de vez en cuando) y  las dos Claras (por vencer en todas las batallas y por ser fuentes de cariño y de información).

CURIOSIDADES

-Mapa interactivo del Sahara Occidental:

http://www.elpais.com/graficos/internacional/Mapa/Sahara/Occidental/elpgraint/20030717elpepuint_1/Ges/

– Cronología de la huelga de hambre de Haidar:

http://www.rtve.es/noticias/20091206/cronologia-del-caso-aminatu-haidar/304477.shtml

– La postura de Amnistía Internacional:

http://www.es.amnesty.org/noticias/noticias/articulo/marruecos-no-debe-considerar-el-apoyo-pacifico-a-la-autodeterminacion-del-sahara-occidental-como-una/

-Comunicados del Ministerio de Exteriores español:

http://www.maec.es/es/MenuPpal/Actualidad/NoticiasMAEC/Paginas/20091209_not.aspx

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